Terry Gilliam, 2009No diré que Gilliam sea mi director favorito, pero sin duda es uno de los culpables de que el cine me apasione, así que tengo que reconocer que este es uno de los pocos casos en que un estreno de cine es capaz de tenerme ansioso ante la perspectiva de saber que se está proyectando en un cine cerca de mi casa y yo no estoy allí para verlo. Así que poco menos que milagroso es que esta vez los astros se alinearan doblemente, primero para conseguir hacer una escapada al cine con mi señora, y lo que es más complicado, convencerla para elegir esta película (otro día os explico las artimañas utilizadas). Después del doble triunfo, me dispuse a presenciar una de las cintas más esperadas por mi en los últimos años....
Comienza la sesión y vemos a una delirante troupe haciendo un decadente espectáculo de feria basado en las habilidades del Doctor Parnassus (Christopher Plummer) para manipular la imaginación de los clientes que se prestan a su juego. El doctor tiene la habilidad de servir de catalizador para que quienes atraviesen su espejo penetren en el interior de su propia imaginación encontrándose con sus miedos y deseos. Posteriormente sabemos que está habilidad la adquirió Parnassus en uno de sus múltiples tratos con el diablo (Nick Drake), quien aburrido de su inmortal y monótona existencia, utiliza a Parnassus (otro "ludópata") para plantearle apuestas como la que le dio a éste su inmortalidad, la que le obliga a entregarle a su hija Valentina (Lily Cole) al cumplir los 16 años, o rizando el rizo, aquella en la que combinan sus dos mentes para plantear una elección al cliente que o bien le libera o bien hace que el diablo se apodere de su alma. Las apuestas siguen y siguen, pero entra en escena el personaje de Tony (Heath Ledger/Jude Law/Johnny Dep/Colin Farrell), un supuesto filántropo del que poco se conoce pero que acabará siendo clave para la resolución de la trama.
Después hablamos de los puntos favorables, pero mejor decir cuanto antes que la narrativa es confusa y no resulta nada fácil seguir la trama. Gilliam deliberadamente apuesta (como Parnassus o el diablo de su cinta) por realizar una cinta de culto, y por ello hay ciertos aspectos que no explica. El espectador medio (como fui testigo por los comentarios de la sala) se va a quedar a cuadros, especialmente en el delirio final de escenas "mentales" donde la trama se resuelve. Pero he de decir que al igual que ocurre con cintas como "Donnie Darko", por mucho que no te acabes quedando con la trama en un primer visionado, se consigue crear la intriga para que le des vueltas a lo que acabas de presenciar hasta que le ves sentido. Esto me hace pensar que la cinta ganará con segundos visionados, y que incluso con el tiempo pueda llegar a un cierto status "de culto" como otras obras de su creador. Y no vamos a achacar las flaquezas de la cinta sólo a su pretendida ambiguedad, que agujeros argumentales también los hay.
Pero Gilliam es Gilliam, y pese a que haga auto-referencia de múltiples elementos de sus obras previas (globos, enanos, ferias ambulantes, el demonio....), nos ofrece dos cosas de las que sigue siendo un maestro: Una puesta en escena deslumbrante, y unos personajes siempre interesantes. Visualmente la cinta es espectacular, y no me refiero a escenas como la apabullante primera visita del diablo al templo donde habita Parnassus o a los brillantes escenarios mentales llenos de imaginación, que pueden recordar tanto a cuadros de Dalí como a los segmentos animados del "Monty Python flying circus". Me refiero a otros detalles menos evidentes, como ese maravilloso anacronismo del carromato en que la troupe se desplaza por el moderno Londres, o la brillante "escenografía de la escenografía" en el kitsch look inicial del espectáculo o en el re-vamp al que le somete el personaje de Tony. Por cierto, premio a la bizarrería para ese momento musical en el que un grupo de policías travestidos intentan captar a unos mafiosos rusos para la causa satánica.
En cuanto a los personajes tenemos a ese Parnassus, torturado por su inmortalidad y temeroso de las consecuencias que le pueden traer a su familia sus apuestas. El diablo, con un look sacado de un film de los años 40, quien aburrido de la facilidad con la que consigue sus almas, solo los retos que es capaz de plantear a Parnassus parecen sacarle de su monotonía. Tony, ese misterioso personaje que se une al espectáculo, con un montón de misterios por revelar, tantos que sobre él recae la apuesta final entre los antagonistas de la cinta. Así, el conjunto viene a ser una especie de ensayo sobre el poder de la imaginación sobre la realidad, y dada la satánica realidad planteada, no es extraño ver a Parnassus y las elecciones mentales que plantea como una especie de cristianismo pagano. Ya sabemos que este es el tema recurrente en la mayoría de cintas de Gilliam léase "Los héroes del tiempo" ("Time Bandits") o "Las aventuras del barón de Munchausen", pero aquí diría que el asunto se enriquece con otros temas como el saber asumir las decisiones tomadas en el pasado, así como un cierto ensayo pasado de rosca sobre la "ludopatía".
Como vemos, una cinta temáticamente rica, que creo que solo consigue aprovechar parcialmente tan suculentos materiales. La película es visualmente un festival, pero creo que pocos espectadores conseguirán asimilar en tiempo real lo retorcido de su trama cuando ésta se desboca. Aún con todo, me parece lo suficientemente interesante como para darle una oportunidad, y en cualquier caso, me da en la nariz que con un segundo visionado, puede ganar muchos enteros.
Valoración: 6/10
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